Material de lectura “Construir un respeto mutuo y confianza con las estudiantes”
1.1. Entender los factores para el respeto mutuo y la confianza en un entorno de aprendizaje
Como explica Whitehead (2015), el asesoramiento y la educación es un proceso que requiere confianza tanto por parte de los educadores como de las estudiantes. La confianza tiene un carácter dinámico, como constatan Peña et al (2018), y la vulnerabilidad entre las partes involucradas puede variar durante la interacción, aumentando o decreciendo. Las relaciones de confianza también cambian y fluctúan dependiendo de cómo la otra parte se comporta o responde a la confianza que se le da. De la misma forma, las relaciones de confianza no aparecen de la nada, siempre hay un contexto subyacente en el que estas relacionas se crean, y que influye en la construcción de esta confianza: los contextos sociales potencian valores, aprobaciones y expectativas que influyen en cómo percibimos la capacidad de que alguien confíe en nosotros. En lo relativo a construir relaciones de confianza, y de acuerdo con Zapata et al (2009), hay diferentes aspectos a tener en cuenta:
- Benevolencia: creer que una persona hará todo lo que está en su mano para ayudar a otra, y que esta persona siempre hará lo que es mejor para la otra
- Sinceridad: característica que conlleva que la persona sea siempre clara y auténtica con la otra persona involucrada en el proceso
- Apertura: capacidad de una persona de compartir información con otra, incluso si eso significa adoptar una posición más vulnerable
- Fiabilidad: capacidad de predecir el comportamiento de la persona por la consistencia entre lo que dice y lo que hace
- Competencia: capacidad de actuar acorde a los estándares atribuidos a su rol, incluyendo comportamiento, conocimiento y funciones.
Respecto
a la benevolencia, el educador tiene que mostrar que le importan las
estudiantes, así como su bienestar, lo que piensan y por lo que se preocupan.
También tendrá que mostrar sus buenas intenciones para ganar independencia.
Esto se traducirá en un clima de confianza que mejorará la relación con el
alumnado (Peña et al, 2018). La apertura y la honestidad están estrechamente
relacionadas, ya que una falta de honestidad se puede entender como una forma
de esconder malas intenciones. La transparencia siempre muestra buenas
intenciones, y si las estudiantes creen que el educador está siendo honesto,
tendrán más confianza y se mostrarán más honestas ellas también (Peña et al,
2018). También está relacionada con estas dos habilidades la fiabilidad, que
tiene en cuenta la coherencia de las acciones del educador. Finalmente, en
términos de competencia, mostrar ignorancia en cuanto a enseñar, no aportar
soluciones a problemas o conflictos que puedan surgir, o reaccionar de forma
inapropiada frente al alumnado hará que la confianza de este en el educador
decrezca. (Peña et al, 2018).
Istock. (2021)
1.2 Crear un ambiente seguro y de apoyo y respetar sus creencias y culturas
Para conseguir el respeto mutuo ya mencionado, el educador de adultos tendrá la importante tarea de crear un espacio seguro para compartir experiencias, opiniones y puntos de vista. El educador de adultos tiene que asegurar que están en un espacio delimitado y organizado, sin ruido, y también aportar el material necesario en cada caso.
Para reforzar el compromiso de las estudiantes con el aprendizaje, el educador de adultos tendrá que escuchar y responder activamente a las posibles preguntas. En este sentido, el educador de adultos estará atento y se preocupará por sus opiniones y experiencias. Esto implica un entendimiento constructivo con el alumnado: tener una buena relación y comunicación con las alumnas ayuda al proceso formativo y a su desarrollo notablemente, dándoles la atención individual requerida y aumentando las posibilidades de que reciban ese aprendizaje más fácilmente. Para conseguir esto, el educador de adultos tendrá que entender, o al menos respetar totalmente sus creencias y culturas. Para mantener esto, a la par que la confianza, se recomienda seguir el ritmo de las alumnas y que el educador no caiga en críticas que no sean constructivas respecto a las opiniones o actitudes del alumnado, y tampoco permitirlas de los demás.

Una forma muy buena de crear un ambiente de apoyo es dar instrucciones diferenciadas. El educador de adultos deberá planificar el proceso de aprendizaje: es habilidad de ser capaz de organizar lo que hay que enseñar y lo que las estudiantes esperan aprender. Esto asegura que se tengan en cuenta las posibles experiencias académicas y los distintos conjuntos de habilidades de las alumnas, y que el proceso de aprendizaje está adaptado para ajustarse a las mismas lo máximo posible (Starr, 2019). Otra buena opción es trabajar siguiendo un modelo de acciones, que se centra en lo que la alumna hizo bien, en lugar de en lo que hizo mal. Si el educador de adultos sigue este camino, el alumnado se sentirá más seguro y confiado, ya que no solo verán lo malo sino también los buenos resultados que están consiguiendo a través de su proceso de aprendizaje. El educador de adultos tendrá que reunirse de forma regular con las estudiantes para hablar sobre su proceso de aprendizaje, sus objetivos y las dificultades a las que se enfrentan, si las hay. El educador tendrá que centrarse en la comunicación, que es central para crear un ambiente de apoyo. (Michigan Virtual Learning Research Institute, 2020)
1.3 Mantener una comunicación efectiva

La forma en la que el educador de adultos se comunica con el alumnado tiene mucha importancia, tal y como se reconoce en los aspectos de “apertura” y “honestidad” que describen Peña et al (2018). Tiene que ser asertivo al comunicarse con las alumnas, ya que ocupa un puesto de liderazgo, pero también tendrá que mediar en algunas situaciones. En este sentido, es muy importante conocer al alumnado y ser capaz de adaptar el proceso a su situación personal y necesidades. Aparte del respeto, hay otros factores que aseguran una comunicación efectiva entre el educador de adultos y las alumnas. Es crucial que el educador de adultos proporcione opiniones y comentarios positivos a aquellas que estén llevando un proceso adecuado porque esto aumentará su confianza y las motivará a seguir invirtiendo en su propio proceso de aprendizaje (Hanifan, 2014). Otra capacidad principal que tiene que estar presente en el educador es la de escuchar de forma activa. El educador tiene que estar dispuesto a escuchar al alumnado, pero no solo para dar una respuesta, sino también para aprender sobre su historial personal, ya que puede ser muy útil para crear un ambiente de apoyo y cuidados. (Hanifan, 2014)
En este sentido, es muy importante prestar atención a la comunicación no verbal como la expresión facial y los gestos. El educador debería intentar evitar una comunicación no verbal negativa (como voltear los ojos, bostezar o poner mala cara al hablar con una estudiante) lo máximo posible, ya que las estudiantes podrían darse cuenta y sentirse así desanimadas, afectando esto a la relación de confianza conseguida en estados previos del proceso. (MOE, 2015)
1.4 Asertividad en el ambiente de aprendizaje
Primero, es importante entender lo que significa el asertividad. Ser asertivo es tener la capacidad de articular ideas, pensamientos y sentimientos de manera honesta, directa y apropiada. Esta capacidad está basada en el respeto mutuo: por uno mismo y por los demás. Ser asertivo es muy importante para el educador de adultos, ya que usando esta habilidad se es capaz de influenciar a otras personas. Un educador de adultos es asertivo cuando es capaz de expresar sus deseos y sentimientos personales a la vez que respeta los derechos y sentimientos de las demás personas. Esto aumenta su autoestima, su confianza y hace que sus relaciones sean más satisfactorias, en este caso con las estudiantes.
Esto también mejorará sus habilidades de escucha y negociación, habilidades útiles y prácticas para un entorno de aprendizaje. El educador tiene que recordar que, aunque tenga una relación amistosa con el alumnado, sigue estando a cargo de la sesión. Para mostrar asertividad, tendrá que usar los llamados mensajes del yo, como “yo creo”, “yo estoy segura/a de”, “yo quiero”, etc. El educador de adultos también debería sentirse cómodo diciendo “no” y estableciendo sus propios límites, ya que esto le ayudará a gestionar mejor la clase y centrarse en el proceso de aprendizaje con las estudiantes. (Mayo Clinic, 2020).

Ser asertivo también es muy importante para recibir y dar comentarios, algo crucial en el proceso de aprendizaje. Las estudiantes deben dar comentarios al educador para asegurarse de que este está siguiendo el camino correcto; pero los educadores también tienen que dar comentarios a los estudiantes para hacerles saber si están consiguiendo los objetivos fijados al principio. Para alguien que es asertivo, el comentarios es la herramienta perfecta para crecer y tener a nuevos puntos de vista, y no tiene miedo ni de darlo ni de recibirlo (Wignall, 2019). Por último, el educador tiene que recordar que el tiempo es importante, y que presionar a una estudiante que está bloqueada puede llevar a desacuerdos. Por eso, dar espacio a aquellas estudiantes que tienen algunos problemas es esencial, así que hacerles saber que tienen apoyo y que pueden pedir ayuda si la necesitan. (Wignall, 2019).
Sin embargo, el educador debe saber que la asertividad y la agresividad no son lo mismo, y que la última hay que evitarla para no dañar la confianza y la relación amistosa que se ha establecido con las estudiantes. Ser asertivo es muy importante para los educadores, y los que son demasiados pasivos tienen dificultades para gestionar problemas que puedan surgir en el proceso de aprendizaje y en la gestión de la clase. Aquellos que usan una comunicación agresiva no controlan su enfado, por lo que tienden a utilizar palabras agresivas como palabrotas, o gritan y elevan la voz, lo cual se puede percibir como intimidatorio. Además, cuando el educador de adultos adopta un estilo de comunicación asertiva, establece un ejemplo para sus estudiantes. (Stanfield, 2020)
Las fotos están tomadas de Istock. (2021)